martes, 13 de diciembre de 2011

Historias que cruzan el Río de la Plata


ELLA-

Corría el resto del año de la confusión. Tenía mil cosas en las manos y en la cabeza. Cargado el cuerpo, y las lágrimas. No había ganas ni espacio para más nada, aparentemente.

Así volví, luego de un viaje libertario y emancipador, crucé los andes de regreso a casa.

Allí, las suaves formas me tranquilizaron. El mismo aire de siempre, el mismo silencio, los mismos amigos, y las mismas intenciones, nada había cambiado excepto yo.

Temporada de ferias, giras, Workshops. Se empezó a mover el teléfono y mails: reservas en hoteles, aviones, buses, stands, diseños, folletos, tarjetas, compañía, me fui sola.

Allí llegué con la compañía de María, mi par de otra ciudad vecina, al mismo hotel, pero con dos distancias pesadas y distintas: la religión y la edad. Hice el intento de mantenerme a su lado, pero era imposible, mi mente seguía viajando…

Así fue que llegué a Rosario.

Lo mismo de todos los años, sonrisas, gente mayor, comida, lapiceras, tarjetas, agua, un cigarro fuera, almorzar en la cena, pies hinchados, reuniones de trabajo; igual que en la vida, nada había cambiado.

Ya terminando esa jornada en la ciudad, y un rato antes de que tirara los zapatos de taco, tan incómodos, por la cabeza al viejo del stand de enfrente que no paraba de mirarme, llegaron dos jóvenes empresarios a impresionarnos con su oferta.

Es importante detallar que para mí que iba a promocionar un destino, ellos me vinieron a ofrecer otro destino, hecho con dibujos, fundado en la confianza. Las Cumbres, Hostal Los Lirios.

Se sentaron, mi colega desapareció, todo desapareció. Conversamos, intercambiamos, fueron y vinieron papelitos. Se fue.

Retomé el ambiente, desarmé el stand, y a otra cosa.

Saldríamos la tarde del día siguiente, para una feria Workshops exactamente igual, pero en otra ciudad: Córdoba capital.

En la noche, parte del día que Dios hizo para dormir, me arrimé a la recepción del hotel, le pregunté al chico si habría algún cibercafé abierto. Me dijo que allí había máquinas disponibles. Así fue que me senté dispuesta a interactuar con la máquina.

Reporté a mis jefes todo el trabajo realizado en un mail, conversé con mi familia, conté mis historias a amigas, me arrastré con el chico difícil de hace 4 años y agregué al MSN a mi nuevo contacto profesional, don Javier Otálora Así, todas las charlas se fueron esfumando, solo mi nuevo contacto profesional, y quien hoy es mi pareja seguían quedando.

Partiríamos a la tarde del día siguiente, aún quedaba agenda en Rosario. Nos pasan a buscar para salir a cenar, cenamos, conversamos, y de a poco empiezo a ocupar el lugar que estaba buscando. Me fui, pero no materialmente, sino que mis pensamientos se fueron, se liberaban a cada rato.

No nos vimos nuevamente con Javier, pero si sabíamos a la perfección que nos volveríamos a ver en Buenos Aires.

Fue así que consideré el nacimiento de una nueva generación de pequeños empresarios del turismo. Pero no pequeños por tamaño de empresa, sino por pequeños de chicos, de jovencitos. Y esa idea, de ser los pendex, de ser las semillas germinadas, me gustaba.

Tomé el avión, vuelo de cabotaje en un turbohélice de SOL. Una gran tormenta impide el aterrizaje del avión. Volando dentro de innumerables pozos de aire, y sintiendo la muerte más cerca que nunca, pasó una hora, hasta que el piloto, en una heroica maniobra, alcanza un espacio en ese aire impertinente para poder tocar tierra una vez más.

Temblaba, pero estaba sobre la tierra, curiosa omnipotencia de la naturaleza

Esa tarde, lo mismo se repetía. Armar, ordenar, conversar, tarjeta para aquí para allí… y de nuevo cena, sonrisas, contactos…. de nuevo….. y de nuevo. Rutina que sorprendía, pero rutina.

Tomé fotografías, inspirada. Calma, y suelta. Circulé por los espacios sabiendo que estar allí era por ahora mi hogar.

Comencé a tomar conciencia de mi misma, pero en el sentido estético, fui observada. Y en esas observaciones pude leer las miradas.

Pasaron los días, y regresé a casa. Para volver a buenos Aires. Sabía que lo vería. Así fue que en mi oficina, tras la advertencia de mi Jefe, “no hay mucho dinero” me dispuse a reservar lo más barato. La frase que acompañaba el cierre de las llamadas telefónicas “menos mal que tienen una secretaria mochilera”. Y seguía.

Encontré un bonito hostel en San Telmo. Realicé la reserva. Me fui sola. Y digo así porque el hecho de irme sola, implicaba llevar cajas y cajas y valijas, llenas de material (folletos, revistas, tarifarios, mapas, etc.), para poder sobrevivir a la altísima demanda que representa esta Feria. Prosigo. Me fui sola. Tomé un taxi en el puerto, y llegué al hostel. Abrió la puerta un jovencito muy amable que se ofreció-o gentilmente a ayudarme con las cajas. Por supuesto que accedí. Debía bañarme y cambiarme para ir a la feria, y armar el stand. Ya habría gente allí. Estaba ansiosa, miraba y miraba al recepcionista, y no respondía a la clásica mirada que se lee “estoy esperando me atiendas”.

El hostel olía a noche: cerveza, cigarro, humedad. Llegó mi momento!-sabes que? – Dice el recepcionista. Yo le pregunto – Que? -

- La persona que se aloja en la habitación que vas a ocupar tú, no se va a ir, y planea quedarse un mes. Pero ya averigüé, y hay otro hostel amigo que si tiene lugar, y es bastante cerca. –

- De acuerdo – acoté y le pedí un taxi.

A esta altura no estaba muy contenta, ya era la hora de estar en el predio ferial y yo seguía dando vueltas buscando hostel.

Luego de un viaje no muy largo, llego a una puerta de madera, antigua, con un único distintivo: el arcoiris.

Subo las largas escaleras que me llevan a un distribuidor, y alcanzo la recepción. Me encuentro con un joven muy simpático que lo único que me ofrece es una habitación compartida, con varones gay. Accedo, pensando rápidamente en un plan para salir de allí. La habitación era en un altillo, y ni siquiera podía subir mi maleta. En el silencio, me encuentro con un compatriota, y me invita un café. Conversamos, y el mismo, confirma mis sospechas: si conseguís otro lugar para quedarte, andate, va a ser lo mejor.

Luego de pedir y recibir consejos, nos despedimos, y pago una noche. Me ubico en una habitación mixta, me asignan una cama, me baño y me apronto para irme a la feria.

El plan era, llamar a una prima que vive allí, pedirle que fuera a buscarme, y dormir en su casa. Fácil.

Como todos los ingresos a las ferias: Caóticos. El material pesaba, la ropa la tenia pegada al cuerpo, ardía la capital. Los zapatos me sacaban callos y ampollas y encima tenía que empujar 2 cajas pesadas con material por casi las 2 cuadras que me separaban de mi puesto de trabajo.

A las patadas, literalmente, llegaron las cajas y detrás de ellas, con sudor por todos lados, yo.

Pensaba en los paseos que daría por los stands del caribe, y de Asia, y del sur argentino… y vería a mi nuevo contacto profesional, al otro perteneciente a la nueva generación.

Comenzó como siempre, una locura. Reencuentros, saludos, stands sorprendentes, y allí, haciendo el trabajo de un gigante, llevando cada una de las personas que paraban frente a mi, un pedacito de ese único lugar en el mundo, que defendía, y que me convocaba y que me habría marcado los pasos. Estos momentos, si bien pertenecen al trabajo, representan de los momentos más hedonistas de mi vida.

Alguien que conocía y que estaba ahí solo por mi se paraba detrás de la gente a esperar su turno, me gustaba la idea, reforzaba la tesis de la “nueva generación”.

Conversamos y nos reímos un rato, nos contamos nuestros primeros minutos en la capital. Por fin alguien con quien salir a almorzar, alguien con quien entenderse, con quien cansarse a la misma hora y salir a tomar aire, alguien a quien ir a buscar en un lugar que de tan ajeno se volvió nuestro.

Caminábamos como viejos amigos recorriendo los stands, jurando que viajábamos por el mundo. Conversábamos de todo un poco, siempre buscando la sonrisa y la excepción.

Pasó ese primer día, me fui a lo de mi prima. Detalle: vivia un poco lejos del centro. Pero había recorrido miles de kilómetros a dedo en ciudades ajenas; me tenía confianza para un par de buses en la capital.

Al día siguiente, salí en hora, llegué a mi stand, y correctísima me instalé en mi silla, tomaba agua, atendia gente, y allí nuevamente, llega la sonrisa tímida detrás de la gente. Saludo con ganas y entusiasmo, salimos a recorrer. Trae la noticia de la fiesta de esa noche. Fantástico, una noche en buenos aires, distinta a todas las otras noches en buenos aires, sola, con mi amigo, cómoda tranquila y cuidada.

Resolvimos que lo mejor sería pasar la noche en su hostel, era cerca de la fiesta y volveríamos juntos. Fue genial llegar y arreglar con el recepcionista, me sentí por momentos que estaba invadiendo su fragilidad. Creí que podía hacerlo perder algo, o hacerlo dudar. Muchas veces reconozco en las caras la lectura de mi conducta libertaria abruma, y puede tornarse agresivo.

Salimos, nos mostramos, felices de andar juntos. –Somos la nueva generación – pensaba yo. Seguro que el también.

Una tras otra copa, fuimos cambiando de plano. Creo que hicimos el intento, pero perdimos la cuenta de la cantidad de bebidas preparadas que nos recorrieron las vísceras. En ese mundo alternativo a la realidad, nos animamos a más. Ya la nueva generación empezaba a demostrar que si era posible, nuevas construcciones y nuevas visiones. Nos aturdimos, disfruntamos de todos y cada uno de los segundos que pasaron, pero no por el paso del tiempo, sino por el aquí ahora, por el goce de saber que se disfruta y se comparte. Ser uno nuevo cada vez que besa toca acaricia y abraza. Compartir nuestros secretos sin decirlos, y surtirnos de historias temores y regalos mientras dormimos. Había transitado así una noche. No una más, sino esa noche. Grabada en la piel, en la nariz, en las manos, en mi vientre, en mi centro de energía.

De ser amigos, de ser los orgullosos representantes de la nueva generación, pasamos a ser entrañables. Nos volvimos a buscar y repetimos los itinerarios en otros continentes. Regresé a casa.

Pensé: Tan increíble es el ser humano. Cuando dispone de energía, puede realmente vivir su ser, ese ser que trasciende lo tangible, que es el ser filosófico y emocional que llevamos dentro, y que estando conectados en ese plano, cualquier cosa que suceda en la tierra, solo agrega historias que arrancan sonrisas, reflejo de sensaciones únicas, irrepetibles, pero reales. Pero que igual solo aquel que lo vive lo entiende. ¿Incomprendidos? Tal vez, pero felices. Muy felices con la idea, de que nuestros cuerpos se conocen, y nuestras almas se reconocen, se reflejan en el otro y se definen por eso.

Artesano, seguí moldeando.

EL

- PROLOGO

Durante mucho tiempo espere el momento indicado para escribir esta historia.

Podría decirse que soy uno de esos escritores que desearían ser lo que escriben y nunca leen dos veces un mismo texto por el temor de arrepentirse.

Cada momento vivido, palabra regalada, mirada y sentimiento estaban en un estado de ensueño. Quieto, fijo, imborrable, pero aun latente.

También podría decirse que quien tarda años en redactar algo del pasado puede llegar a olvidarse de algo, pero en este caso, el momento y la situación indican que he adquirido la capacidad de reunir todos esos elementos únicos para plasmarlos en un papel.

He entendido que el verdadero significado de la libertad se encuentra en la cotidianeidad de la vida. En la forma de encarar las situaciones y las expresiones mas verdaderas y espontáneas de uno mismo.

Cuantas veces trate de entender los porqués de las cosas y no llegaba a otro puerto que la frustración.

Hoy estoy acá para decirles que más allá del tiempo y los lugares donde nos encontremos, siempre que queramos, a cada paso podemos ser un poco mas libres.

EL ENCUENTRO.

El mes de noviembre y una calurosa brisa de primavera que abrazaba el verano en la ciudad de Rosario. Mi amigo Mauro, compañero de estudio y noche, asistía junto a mi a lo que era nuestro primer Workshop de turismo en nuestra ciudad. Los nervios de novatos aun sin recibirse y encontrarnos con profesores o futuros colegas que, seguramente, bromearían con nuestra presencia, no quitaban la buena predisposición para ser dos agentes mas del movimiento turístico, por lo menos, por un rato.

Me he dado cuenta de que la rueda del turismo la hace girar al principio nada mas que las relaciones sociales entre colegas o enemigos íntimos, todo perfecto pero indiferente, todo formal pero de plástico. Así transcurrieron nuestras primeras horas de charla y contactos del sector. Pero, y siempre hay un pero... allá al fondo se ve que alguien no disimula su cansancio y las ganas de salir, allá, donde todo esta mas oscuro y caluroso. Pensé que era mi lugar.

Allí, sentada, disimulando, mirando, sonriendo... ella. Idea, o Idea, para los amigos, estaba encargada del stand donde representaban al sector turístico y astronómico de Pirlápolis, en Uruguay. La calidez de sus palabras para con su lugar te hacían viajar.

Esto es muy deseado por los vendedores codiciosos, pero hay que sentirlo, hay que vivirlo.

Me agrado desde antes de hablarle. No se bien porque. Tiene ojos intrigantes, hermosos. Nos intercambiamos tarjetas personales con nuestros datos. Ella escribió su e-mail en el reverso, mientras me comentaba que en una semana se iba a presentar en , feria internacional de turismo, en Bs.As, acote yo, para que sepa que estaba enterado del tema y que también iba a ir.

Llegadas las horas de la tarde, el final del encuentro se hacia presente. Con la paciencia de un sabio y la agilidad de una liebre dejamos la formalidad de nuestros sacos en nuestras manos, justo donde empezaba la salida. Volvimos a la normalidad.

Rato mas tarde, ya en casa me puse a leer los folletos y tarjetas recibidos. Casi todos fueron directo a al archivo. Lo único que quería hacer era entrar a Internet para poder contactarme con Idea. Minutos después de agregarla, ella se conecta. Me contó que se alojaba en la ciudad, en un hotel no muy lejos de casa. Quedamos en vernos.

Me pregunte varias veces a donde podía llevarla, para que se lleve una buena impresión de nuestra ciudad y olvide las formalidades del Workshop. Cerveza y el Rio Paraná son una combinación infalible, pensé. Ese día no pudimos vernos, pero si habíamos quedado para el siguiente, que era, según mi recuerdo leve, su último en Rosario.

Charla previa y contacto telefónico dieron el Si para el encuentro. Esta vez no contaba con la presencia de mauro, ya lo habíamos acordado. Creo. Las horas de la tarde se llenaron de nubes y el granizo vapuleó nuestra juntada. Una verdadera lastima.

Estuve pensando en la mala suerte, en el orín de los dinosaurios y animales más grandes del mundo existentes y no tanto. Muchos de los recuerdos de ese día pasaron por un estado de amargura. Por la noche recuerdo que lo que me había dicho, lo de

Mis preparativos para esa feria eran muchos. Los folletos relucían entre las cajas recién llegadas de la imprenta, de la mano de mi hermano, el diseñador de la familia.

Me quedaban tarjetas, así que no me preocupe por ello.

La semana comenzó su curso, como de costumbre, lenta, rutinaria, turística de estudio y teoría. No me molestaba, ya que soy el único responsable del camino por cual transitaba. Estaba bien. Todo cambio luego.

Asistía por momentos lugares o ideales extraños, razonamientos profundos pero inentendibles, idas y vueltas rutinarias, complejas pero aun así demasiado simples. La etapa de la simpleza, post adolescencia pero antes de ser algo, de pertenecer a algo. Creo que es la violencia del tiempo, de cómo transcurre en las personas y como lo afectan a uno, eso va a determinar nuestro camino. Igual no quiero transitar mucho por estos comentarios, ya no les encuentro sentido.

Volviendo a la semana, quiero comentar que una semana, suele ser mas larga que 7 días, yo la multiplicaba por dos, por la mañana, el estudio, los compañeros, exámenes y recreos, lo mejor, por la tarde la oficina, era un trabajo simple que tenia.

Cuando me di cuenta, me fui a Buenos Aires, a solo, con mis cosas, mi coraje y mi traje negro a rayas.

Si el evento de Rosario me pareció un gran relacionarlo social, no se como describiría este. Un cartel enorme de publicidad, un folleto, grande... no se... algo por el estilo.

En , compartía stand con con gente de Córdoba. Muy buen humor, buena gente.

Cuando logre acomodarme, relajarme… me calce el traje y fui a buscarla a Idea.

La feria ocupaba todo el predio de , enorme. Yo en el polo norte y ella en el sur. La temperatura superaba los 30°, fácilmente. Mi camisa blanca mangas largas me lo recordaba a todo momento.

Un largo túnel, de plástico comunicaba los sectores nacional e internacional. Ella y yo.

Camine tranquilo, pero sin dejar de ver a nadie… una cuadra después. Se ve desde lejos el sector de Uruguay, encabezado por una larga fila de computadoras y gente hablando, riendo, mintiendo y disimulando. Allí, ella, trabajando. Desplegaba sus conocimientos a un agente de viajes intrigado. Se fue, y me vio. Fue un lindo abrazo, de dos conocidos, pero no tanto. Colegas, pero no tanto. Una buena charla dio lugar al hambre, el medio día se presentaba con los tapones de punta y el sol acompañaba rompiendo el duro cemento de afuera. Salimos a comer algo, esquivando a los fumadores de la puerta. No recuerdo mucho el bar donde comimos, pero si la charla nuestra que escucho.

Idea me hablo de su familia, sus trabajos allá y acá. De lugar en lugar. Una vida libre, como yo quería. Con sus palabras entendí que la libertad no se encuentra a la vuelta de la esquina, es un estado mental y lo acompañaría muy bien el nombre del destino de cualquier pasaje de ida.

Admiro la capacidad de expresión, sin vueltas, sincera, directa y correcta. Con enlaces de humor y nostalgia, recuerdos de viajes, amistades y costumbres lugareñas. Definitivamente adoro su acento.

Ella entiende la vida como un camino hacia la libertad, es lo que capto yo. Yo entiendo que ella ya es libre. Es emocionante y reconfortante saber que alguien en el mundo disfruta de todo su ser y tiene sus sentidos para el disfrute máximo de los momentos. Creo que me encanta, pero nunca lo voy a decir. Esa duda prefiero desenterrarla viviendo esos días de feria que quedaban. Vivirlos al máximo.

Me comento que estaba alojándose en una localidad de la provincia de bs.as, y quedaba lejos. Como se trasladaba hasta la feria, no lo se bien... yo me hubiese perdido. No tengo dudas.

Esa noche tenía reservación para alojarme en Hostel One, de San Telmo. Me quedaba lejos de la feria, pero al mismo tiempo quería conocer un poco mas al monstruo de la capital. El lugar que tantos hablan.

Los bodegones abundan, es mas, yo termine comiendo solo, en uno de ellos el medio día siguiente. Uno de los mozos del lugar se encargo de hacérselo saber a medio bs.as que mi destino era “mesa para uno!!!!!”. La milanesa era tan grande que no entraba en el plato. Y el puré era casero. Ferias de ropa usada, artículos antiguos y viejos mesclados con sonidos de tango porteño. Turistas por donde se mire y locales negociando pertenencias extrañas. Era hora de volver a la feria.

Mi segundo día y el esperado reencuentro. La ubique donde ayer. Linda y sonriendo. Charlamos y nos sacamos algunas fotos con un extraño artista brasilero que cantaba y bailaba cosas extrañas pero divertidas, momentos después recorrimos todo el lugar y así nos llevamos una buena impresión de la feria. Había mucha gente y formalidad.

No crean que no hice nada, si, tuve mis tiempos de recorrido, dialogo y contactos. En uno de ellos, dejando de lado las formalidades, me dan invitaciones para una fiesta del sector en un boliche bailable, en la zona de San Telmo, cercano al Hostel. No hubo ni una sola duda para invitarla a Idea. El problema era donde se alojaba ella, quedaba muy incomodo, por eso mi oferta era llamar al Hostel y reservar otra habitación o en su defecto prestarle un espacio de la mía. Previa negociación con el encargado, que para anexar algo si fuera mi Hostel ese muchacho me daría perdidas, pero igual los ánimos eran demasiado buenos para dejarlos caer con un mal precio. Idea acepto gustosa. La noche se vino encima. El perfume sobre la cama, ropas y folletos. Una ducha y no sabia que ropa usar. No importo, agarre lo primero. Yo tenía que ir a buscarla, así que llaves en mano y baje. El primer piso era amplio y recorrí todo el Hostel para salir. Plano de por medio, miraba las calles y alturas. El colectivo la dejaba cerca de allí. El problema fue que la espere en la esquina anterior y ella se adelanto a mí, en la vuelta al del lugar. Nos encontramos en la puerta. La reconocí por el suéter que usaba.

Entrando, la recepcionista de la noche confirmaba mi teoría del mal precio del anterior muchacho. Pagamos la diferencia y pasamos a mi habitación, que un mal momento me hizo pasar cuando olvide que no había otra cama, sino que yo dormía en una matrimonial. Se que esto va a caer mal en el publico femenino, pero no tengo motivos para mentir en mi propia historia. Idea con palabras de aliento me decía que no me iba a morder y cosas por el estilo. Me quede mas tranquilo. Ella tiene la habilidad de un contorsionista para salir de situaciones difíciles. Nos sentamos en la cama. Saco sus cosas de la mochila que portaba. Entre ellas, una etiqueta de tabaco negro y un cuaderno de escritos de improviso y memorias de lugares y momentos. Era como el diario organizado de un viajero independiente. Me leyó algo que me dejo sin hablar.

Que no se acabe la magia! / Que sigan brillando mis estrellas, que sigan!
que me acompañen, no me dejen sola! /

Quiero decir si, pero no hay oportunidad /Si quiero darme el tiempo a crecer
Si quiero hacerlo/Si estoy perdida, /Si te extraño, /Si me extraño /

Si quiero salir de aquí. /Si quiero que salgas de aquí. /Si acepto /

Si, Claro.... /Si.

Envidio sanamente la habilidad de comunicar sentimientos con palabras suaves. Ella lo tenía. Mi pensamiento en ese momento fue que ella le daba vida con sus textos y presencia a ese Hostel moribundo y a esa ciudad extraña.

La preparación para la salida fue breve, un poco de perfume e higiene en general y la medianoche que tocaba nuestra puerta.

No más de 5 cuadras las que separaban al boliche de nosotros. Caminamos tranquilos, charlando, dialogando interesantemente pero divertidos.

Gracias a las invitaciones que un nuevo contacto me había regalado, pasamos sin prólogos de patovicas ni porteros. Ya adentro, la primer impresión del lugar fue la sensación de estar dentro de un teatro y bastante grande. Tenia una planta baja, con la pista, y en las tribunas se ubicaban algunos reservados y sectores Vip. Varias barras eran las que invitaban a no deshidratarse entre las masas. Mucha gente aceptaba dicha invitación, como si fuese un mensaje de su “yo” interior. Nosotros no fuimos los distintos. Pero si decidimos comprar de lo que sea que tomemos, tres vasos. Así cuando uno terminaba tenia su repuesto al alcance de la mano. Unos cuantos Cuba Libre, nos dieron la bienvenida, saludos de medianoche, palmadas de amigos y hasta fueron los desencadenantes de chistes de toda calaña, bailes exóticos y no tanto, presentaciones ante colegas de turismo desconocidos y demás cuestiones. Si mal no recuerdo fueron ocho tragos cada uno. Y creo que no estoy contando los impares de repuesto. En fin, esa noche tenia mas que ver con el desenfreno y las informalidad que con otras cuestiones.

A partir de las 4 de la mañana se comenzó a respirar un aire distinto, en medio de tanta gente. Lo digo ya que las danzas eran más cercanas, estrechas, cuerpo a cuerpo, y los diálogos daban la sensación de ser más íntimos. Recuerdo bien que nos besamos por primera vez ante la mirada atenta del Barman, que acodado esperaba el suceso y las señas de “ya era hora” no se hacían esperar. El beso no fue extenso, no mas de 15 minutos y vino muy bienvenido y bien recibida por ambos la pregunta “¿vamos al Hostel?”. Afirmaciones con la cabeza y sonrisas a mansalva fueron el puente directo hacia la puerta de salida.

No voy a ser discreto en el comentario de un pensamiento que tuve en ese momento. Resultaba que me parecía interesante el tema de la profilaxis en las relaciones sexuales, dada la casualidad de que otra idea relacionada rondaba sin parar en mi cabeza, recordé que no tenía en mi poder ni en el Hostel, algún elemento protector. Nunca imagine que podría llegar a esa situación. Y ponerse a buscar un kiosco abierto a las 5 de la madrugada en el barrio porteño de San Telmo, es desalentador. Cuadras después, dos o tres, que para mi eran como cien, dado mi estado, recordé que en una de las varias cavidades de mi billetera podía llegar a encontrar algo que me ayude. Gracias a un amigo que generosamente, días antes me otorgo el elemento, “por si las dudas”, me dijo en aquel momento.

Caminamos de la mano y a veces abrazados. Zigzagueando, evitando obstáculos cual jugador de futbol esquiva defensores para llegar al arco contrario. Un poco de cintura y doblar la esquina. Gracias Hostel por estar ahí, pensé.

Cuando nos adentramos, la recepción estaba ocupada por un tipo cuya capacidad de comunicación se asemejaba a la de una almeja en estado de paranoia. Pedí las lleves de la habitación.

Creo que esos metros me parecieron kilómetros, no se si por la ansiedad, la emoción de entrar con una joven bella en mis brazos, (o yo en los de ella), o bien por el estado de ebriedad y alegría eterna. Segundos mas tarde u horas, parecía lo mismo, la puerta me daba algunas dificultades para entrar. El candado estaba alto, pero no inalcanzable.

Que alegría volver a ver esa cama matrimonial, si, esa, la de la discordia, la que me angustio tanto horas antes. Fui feliz.

Al ingresar a la habitación, sentí el olor a humedad de las toallas colgadas, tropecé con algunas ropas que tiradas por el piso se manifestaban apresuradas y arrugadas. El baño, no muy lejos invitaba a entrar y sofocarse bajo sus escasas dimensiones y humedad. En contre la lleve de luz. La vi a Idea, estaba increíble, divertida y por demás de excitante. Se mostraba serena, pero decidida. Si no hubiera estado pasado de copas, habría sufrido el miedo más inmenso. Idea emana e impone libertad, placer. Fue directo al baño.

A mí, la emoción me desbordo. Ese fue el primer desborde, que trate de calmar con algunos salpicones de agua fría. No ayudo mucho. Menos lo fue observarme en el espejo, cuando fue mi turno en el tocador. Al salir, ella estaba sobre la cama, despojada de su ropa, haciendo juego con la mía, tirada en cualquier lado del piso y sobre la cama. Arrugándose de placer.

Observe su figura desnuda, con la tenue luz que dejaba salir por la puerta del baño. Fue mi segundo desborde. Plasme tres o cuatro manotazos contra la llave de luz. Entusiasmado comencé la mejor peregrinación de mi existencia.

Por un largo tiempo fuimos un solo ser, que regocijaba de las manifestaciones sentimentales de nuestros cuerpos. La encontré inquieta y esplendida. Tercer desborde o súper desborde.

No fue solo sexo. Creo que se anteponían libertades y pensamientos, frases, palabras y momentos de felicidad. Fue increíble.

Momentos mas tarde cayó sobre nosotros nada más y nada menos que todo el peso de la revolución cubana que teníamos sobre nuestros estómagos regocijantes de placer y alcohol. Ella seguía esplendida. Recomendé una ducha rápida salvadora. Nos bañamos juntos por un rato. Estábamos un poco mareados, felices y frotábamos nuestros cuerpos con el jabón del lugar.

Quiero decir que nunca había dormido en la misma cama con una mujer. Siempre un prejuicio se interpuso para dar lugar a las frases más escasas de lucidez del mundo. Es histeria, porque esa noche Idea me enseño lo que significa estar con una mujer de verdad. Estar de principio a fin. Anote en mi mente, detalle por detalle todo lo que iba sucediendo. Hasta pude describir con las palabras más lindas, todas las miradas que se cruzaban entre los dos.

Horas mas tarde, el medio día hacia gala de su calor mas espeso. Teníamos los dos que ir a de eso, le pedí que me acompañara a la terminal de colectivos, para cambiar mi pasaje de vuelta a Rosario, así podía quedarme un día mas.

Esa tarde no pensé en muchas más cosas que en la noche anterior. Agente cada recuerdo, cada momento y desde allí pasaron al sector de los inolvidables, compartido con el de los mejores.

La resaca no la quitaba ni el más sabio de los medicamentos. Las ojeras fueron bienvenidas. Y toda la tarde nos intercambiamos visitas que daban lugar a comentarios, así como también a propuestas indecentes insatisfechas y recientes.

Caída lentamente la noche y la hora del fin de la jornada. Cada uno a su alojamiento. Ella en provincia y el mío por capital. Los dos sabíamos que nos encantaba la idea de quedarnos y repetir la historia, pero las pocas horas dormidas así como también el malestar del calor y nuestros estómagos que pedían licencias dieron paso a los saludos no tan cordiales de la despedida del segundo día de trabajo. Esa noche descanse muy bien.

Por la mañana siguiente tuve un desayuno improvisado, caminata en el barrio y luego la comida tímida del bar de la esquina. La tarde fue casi como las anteriores. Contactos, saludos formales, alguna que otra presentación. La única diferencia era que ese dia se trataban cosas mas profesionales y no podía acceder el publico en general, también las visitas entre Idea y yo fueron idénticas.

En la noche, se sabía que el evento que todos esperan es el de de Temporada de la provincia de Córdoba. Ya que esta, se gasta bastante dinero en traer a todos sus mejores especímenes felinos de espectáculos artísticos y no tanto. Sorteos y más presentaciones y saludos eran los números fijos de la noche. Fue tal cual lo mencionaban los invitadores. Idea no podía ir y eso era una verdadera lastima.

El último día fue de negociaciones y tratados entre empresarios ambiciosos e intrépidos. Por mi parte trate de disfrutar al máximo los últimos momentos con ella. Recordar sus palabras y comentarios. Sus ojos y sonrisa. La quería llevar conmigo a Rosario, pero se me hacia imposible.

Mas tarde, con un amigo de la familia que se encontraba por la zona dejamos pasar el tiempo hasta llegar al horario de mi partida. Recuerdo una rica cerveza Corona que dio el punto final de mi estadía en Bs.As.

Dio la casualidad que con Idea salíamos de la terminal de ómnibus casi al mismo horario, así que nos encontramos allá un rato antes. Chalamos largo rato. Fue agradable. La impaciencia de la gente en la terminal de Retiro y la locura de los despachantes de cajas y cosas era incapaz de hacernos pasar mal el último rato.

Su colectivo salió desde un andén separado del resto, ya que los que viajaban a Uruguay eran custodiados por los inconvenientes en ese momento con la planta papelera Botnia. No importo, porque yo la escolte hasta la puerta del micro. El adiós fue raro. Yo me habría subido con ella, de ser un poco más intrépido y loco. El abrazo fue tierno, largo. Me quede con unas ganas inmensas de besarla por última vez. No se porque no lo hice. Ahí aprendí el significado de “no dejes para mañana lo que podes hacer hoy”, aunque muchos negarían de que no se aplica a esta situación, estoy seguro de que lo entendí por ese lado.

La salude mientras lentamente se retiraba el transporte charrua.

Esa noche comí solo, en la terminal , esperando por mi colectivo hacia Rosario. Hora mas tarde ya me encaminaba en el regreso. Contento pero triste a la vez.

Llegue a mi casa de madrugada. Deje la valija y los folletos recolectados. Siempre pensé que me iban a servir, pero los termine tirando ya que solo ocupaban lugar, en su mayoría.

No puedo evitar sonreír con los recuerdos del viaje. Cada momento. Es como si un aluvión de energías positivas invadiera mi seria privacidad para hacerme saltar de emoción y siempre que me pasa tengo un excelente día, buenas charlas y agradables pensamientos de libertad.

Se que Idea es la llave que buscaba hacia mi libertad espiritual. Es como si ella inconcientemente habría señalado el camino que yo no podía recorrer, no porque no supiera caminar, sino porque siempre un obstáculo inventado se interponía, aunque no lo entendí hasta ese momento.

Ella es como una musa de libertad, y como se dice por ahí, “todo comienzo tiene un final”. Pero extrañamente en esta historia no lo hay. No existió la oportunidad de conocer algún costado negativo en ella, o alguna característica que no concordase con las mías. Por el contrario. Todo lo que sucedió, fue tan rápido que llegamos solo a mostrarnos como lo mejor que podemos ser.

Me encantaría ser lo que escribo, le dije una vez. . Lo sagaz y fugaz, inteligente y directo. Allí pude serlo, no tenia tiempo de mostrarme realmente. Tiempo después logre cambiar varias cosas que me molestaban de mi mismo. Encontré lugares y formas de ser en mí que desconocía y ahora siento mas placer en las cosas cotidianas, las que llevan sin lugar a dudas hacia el camino de la libertad.

Descubrí el lugar exacto para dejar de ser un segundo y sonreírle al viento, a las cosas de siempre, al sol y a la lluvia fría. No importa lo demás si yo no lo se apreciar como lo que es y hacia los lugares que me pueden trasportar todos esos elementos.

Sobre el amor en general, no sabria opinar con palabras exactas. Se que las incertidumbres probablemente no me lleven a ningun lado, o por ahí a algun puerto escaso de agua… pero, (siempre hay un pero), puedo acotar que llegue al tope del aprendisaje, con las malas y buenas experiencias y sobre todo con las escasas, todas juntas y vistas desde afuera me hicieron mas fuerte. Creo que el único y gran problema que presenta este final de historia, es justamente la persona que lo escribe, porque no sabe como aplicar lo aprendido en el camino de la vida. Y lo admito, soy yo, escribiendo con mis propios dedos señaladotes de culpables. No me afecta.

Para terminar, han pasado ya unos años desde el encuentro con esa persona maravillosa que protagoniza la historia. Hoy en día, podría decirse que somos grandes amigos, de confianza. Solo que no nos hemos visto mas desde aquella feria. En realidad yo ya no creo en la amistad entre el hombre y la mujer, particularmente la encuentro falsa, y siempre al borde del colapso físico corporal y demás cuestiones que se sobre entienden. Pero, y como ya advertí sobre ellos, debo admitir que admiro su amistad y su presencia aunque estemos muy lejos.

FIN.

Octubre del 2009


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